Origen del vocablo ‘influenza’

•4 mayo, 2009 • Dejar un comentario

peste

A propósito de esta pandemia que nos aqueja, resulta interesante saber de donde proviene el vocablo más usado de los últimos días, según el diccionario de Ricardo Soca:

Hacia el siglo XV, en italiano se empleaba la palabra para referirse al contagio de una enfermedad, entendido como la ‘influencia’ que la dolencia de una persona ejercía sobre otra. Durante algún tiempo mantuvo este sentido y también el de ‘brote’ de alguna enfermedad.

La palabra italiana, tomada del bajo latín influentia, ya era empleada con ese sentido en tratados de medicina desde el siglo XIV. Los historiadores recuerdan que en 1504 hubo en Italia una epidemia de fiebre escarlatina, que se llamó influenza di febre scarlattina (epidemia de fiebre escarlatina). Dos siglos más tarde, en 1743, surgió, también en Italia, una gran epidemia de gripe, que en poco tiempo se extendió por toda Europa, que se llamó influenza di cattarro (brote o epidemia de catarro), nombre que luego se abrevió a influenza y restringió su significado a la gripe.

Esta denominación ya había sido adoptada por el francés en 1782 como denominación de la gripe, y por la misma época llegó al inglés. En 1843 aparece por primera vez en esta última lengua bajo la forma flue, en una carta en la que el poeta inglés Robert Southey informaba que estaba afectado de gripe. Esta grafía pasó más tarde a la actual flu. En español, el registro más antiguo que encontramos data de 1895, en la pluma de Benito Pérez Galdós, en su Torquemada y San Pedro:

A las nueve, bajó Cruz del Águila, dando el brazo a su amiga Augusta, y por la escalera se lamentaban de que Fidela, retenida en cama por un pertinaz ataque de influenza, no pudiera asistir a la misa. Pasaron al salón, y del salón, juntas con las otras damas, a la capilla, ocupando sitios de preferencia en el presbiterio.

En el Diccionario de la Academia, este nombre de la gripe sólo apareció en la edición de 1927 definido como “italianismo por trancazo o gripe”.

Miguel Hidalgo y Costilla

•3 septiembre, 2008 • 4 comentarios

Con motivo de la cercanía de un aniversario más del inicio de la Guerra de Independencia de México, y de que cada vez estamos más cerca del bicentenario del mismo, viene a bien abordar un aspecto un tanto superficial, pero que tal vez sea una pregunta que a más de algún mexicano le habrá pasado por la cabeza en algún momento de su vida. Ya sea en las clases de historia patria en la primaria o bien más adelante, siempre me he preguntado cuál de las imágenes del Padre de la Patria será la más fidedigna.

¿Cómo era físicamente el Cura Hidalgo?

En realidad, Miguel Hidalgo nunca fue retratado. La mayoría de las descripciones de quienes lo vieron y conocieron parecen coincidir en que era, como  señala Paco Ignacio Taibo II (El Cura Hidalgo y sus Amigos, México, 2007, pp. 73, 74) de la siguiente manera:

… de mediana estatura, cargado de espaldas, cabeza caída sobre el pecho… parecía más viejo que sus cincuenta largos años… muy moreno…”.

Sin embargo, los historiadores no se ponen de acuerdo por lo que respecta al color de sus ojos, que van desde azules a cafés, pasando por el verde.

Juan Mateos, citado por José Manuel Villalpando en una biografía del cura (Miguel Hidalgo, México, 2004, p. 17) nos da más luz sobre su apariencia física:

Una cabeza perfectamente modelada, la frente alta… los ojos claros, la nariz recta, los labios delgados, la faz morena y un tanto descolorida, la mirada profundamente reflexiva y todo aquel rostro bañado de una calma concentrada… el cuello algo inclinado hacia la izquierda, más bien por costumbre que por conformación.”

Miguel Hidalgo por Joaquin Ramirez realizada durante el Segundo Imperio

Miguel Hidalgo por Joaquín Ramírez realizada durante el Segundo Imperio

Paradójicamente, la imagen más conocida del cura Hidalgo fue realizada por encargo y durante otra época de intervención de una nación extranjera en México: el imperio de Maximiliano. Es la obra de 240 por 156 centímetros de Joaquín Ramírez, pintor Atlixquense, que se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec y que fue tomado de modelo incluso en aquellos viejos billetes de diez pesos que circularon en la década de 1970. Se dice que el pintor Ramírez tuvo la intención de hacer un retrato fidedigno, animándose a ir al pueblo de Dolores a entrevistar a quienes lo habían conocido, no obstante ya habían pasado más de 50 años de su muerte. En esta búsqueda, le fue prestada una pequeña estatua que fue tomada del mismo cura, y atribuida al escultor Clemente Terrazas (la cual se encuentra también en ese museo). También se dice que trató con la hermana de Miguel Hidalgo, quien le proporcionó más datos sobre la apariencia física del Padre de la Patria, y conoció a uno de sus hermanos, a quien la familia le atribuía un gran parecido.

La noche del Grito de Dolores Miguel Hidalgo tenía 57 años. Parece, sin embargo, que efectivamente sus retratos no lo muestran como una persona de esa edad, sino mayor. Sobre esto, señala Fausto Ramírez (La Construcción del Héroe en España y México, México, 2001, pp. 207, 208) que algunos estudiosos del siglo XIX llegaron a la siguiente conclusión:

… a medida que los años corren… los liberales van a ir haciendo mayor hincapié en la vejez del héroe, sabedores del respeto y la veneración que las canas suscitaban en la sociedad.

Estatuilla de Hidalgo por Clemente Terrazas

Estatuilla de Hidalgo por Clemente Terrazas

Nunca sabremos a ciencia cierta cómo era Miguel Hidalgo físicamente, lo que sí sabemos es que era un hombre de gran inteligencia y astucia (por ello le apodaban el zorro), y podría decirse que, como iniciador y caudillo de la lucha por la independencia de nuestro país, sus mayores errores fueron dos: el primero fue la inexplicable decisión de no atacar la Ciudad de México estando en Cuajimalpa, después de la batalla del Monte de las Cruces en la que despedazaron prácticamente a las fuerzas realistas comandadas por el coronel Torcuato Trujillo, y teniendo todos los pronósticos a su favor. Hay muchas versiones sobre las razones que llevaron a Hidalgo a tomar esta decisión, la que él mismo argumentó fue que se habían debilitado sus municiones en la batalla del Monte de las Cruces y prefirió retirarle para abastecerse, sin embargo hay otras, la más aceptada es que quiso evitar en la Ciudad de México los desórdenes y saqueos que causarían sus tropas.  El segundo fue el permitir y tolerar la barbarie y saqueo de su ejército en las ciudades que iban siendo tomadas por la insurgencia, siendo esto motivo de confrontación con Allende. Lo anterior lo orilló a emitir en diciembre de 1810 (cuando ya se habían librado la mayoría de las batallas comandadas por Hidalgo) un bando contra los excesos de la tropa en el que ordenaba:

…que ningún comisionado, ni otro individuo alguno de mis tropas, pueda de propia autoridad tomar cabalgaduras, efectos ni forrajes algunos, … y en caso de que alguno contraviniere a esta mi resolución, procederán inmediatamente contra sus personas.”

Dos errores que, siguiendo el espíritu de “no juzgar a la historia, sino entenderla”, no son suficientes para quitarle el merecido título de Padre de la Patria a aquél hombre que creyó hasta el último minuto de su vida en su causa libertaria.

Vendimia en Valle Redondo

•30 julio, 2008 • 3 comentarios

Aquí algunas fotos de la fiesta de la vendimia 2008 de Valle Redondo en Aguascalientes.

Valle Redondo es una empresa del grupo de la familia Cetto que se dedica a la elaboración principalmente de jugos y néctares en Aguascalientes y también elaboran el vino generoso del mismo nombre: Valle Redondo.

Aunque en Aguascalientes no elaboran vino de calidad (al menos no todavía), la fiesta de la Vendimia resultó ser una muy agradable sorpresa por estar en un lugar realmente bello y porque su organización fue como de primer mundo.

A todos los que nos gusta el vino sabemos que la industria vinícola mexicana es incipiente, sin embargo, desde mi punto de vista tiene un gran potencial. En Aguascalientes se abandonó la producción de vino hace unos 20 años, pero ahora afortunadamente está retomando fuerza, esperemos que alcance el éxito que han alcanzado hasta ahora otros lugares de México, como lo es la zona del Valle de Guadalupe en Baja California o de Parras, en Coahuila.

Encontré en internet un blog mexicano, que sin grandes pretensiones, está dedicado al conocimiento del vino, y tiene varios links que pueden servir para iniciarse en este interesante mundo: http://vinoparaprincipiantes.blogspot.com/ 

Aparte del agradable rato, el lugar resultó magnífico para poder practicar con mi cámara.

Nikon D80, 18mm 1/320s. F 9 ISO 160

 

Nikon D80, 46mm 1/100s. F 14 ISO 160

 

Nikon D80, 100mm 1/200s. F 5.6 ISO 160

  

Nikon D80, 100mm 1/15s. F 5.6 ISO 160

Nikon D80, 100mm 1/15s. F 5.6 ISO 160

  

Nikon D80, 18mm 1/2.5s. F 3.5 ISO 160

Nikon D80, 18mm 1/2.5s. F 3.5 ISO 160

Higiene en la Edad Media

•18 julio, 2008 • 1 comentario

¿Cómo era la higiene de las personas en la edad media europea? ¿a qué olían las ciudades, las casas y las personas de esa época?

Hasta hace muy poco tiempo los europeos eran conocidos en México por su falta de baño y los olores que desprendían. Quién no recuerda el dicho “hueles a francés”, utilizado para expresar que una persona desprendía un tufo desagradable derivado de falta de baño.

Según he podido constatar en mis visitas y vivencias en aquél continente, esta costumbre afortunadamente ha cambiado. Sin embargo, si hasta hace unos años los europeos eran conocidos por su falta de limpieza, lo más lógico es pensar que los europeos de la edad media más bien se caracterizaban por “oler a francés”. No me sorprendería que esa fuera una de las causas de que la industria del perfume se hubiera desarrollado tanto en ese país. Para su descargo yo argumentaría que, al menos en los países del norte de Europa, en la época medieval tener un baño en invierno implicaba un desafío a la muerte.

Al parecer, a la caída del imperio romano decayó la costumbre del baño y muchas otras relacionadas con la higiene, aunque se mantuvo durante algún tiempo. Sin embargo, conforme transcurrió la edad media las ciudades europeas se transformaron en asentamientos humanos fétidos e insalubres, que fueron fértil caldo de cultivo de catastróficas pandemias.

Como este post no tiene ánimo académico ni de investigación profunda, decidí recopilar y editar algunos datos curiosos sobre este tema que encontré en la red y que pueden resultar entretenidos. Veamos algunos de ellos:

Baño

La concepción generalizada es que en la edad media las personas no tomaban baños y vivían en un estado de completa suciedad, sin embargo parece que al menos en parte, esto es un mito. Historiadores señalan que durante la mayor parte de esta época existió (al menos en las ciudades) una actitud positiva hacia el baño, al que se otorgaban virtudes terapéuticas, si bien no tanto como ocurría en los tiempos de gloria de la Roma imperial y sus grandes termas.

Los baños públicos florecieron en las grandes ciudades europeas en el siglo XIII, y para el siglo XV ya eran algo normal en pueblos medianos. Contrario a las elaboradas instalaciones de los baños romanos o árabes con grandes albercas comunes de distintas temperaturas, los baños medievales usaban tinajas de madera con agua caliente en las que cabían dos o tres personas.

Baños medievales

De hecho, muchas de las ilustraciones medievales que sobreviven en nuestros días muestran a la gente tomando baños comunales, y algunas otras muestran que también eran comunes las mesas con comida y bebidas junto a las tinas o encima de ellas para comer mientras se tomaba el baño.

Para mediados del siglo XIII, los baños públicos eran tan numerosos en París que los estuviers, o propietarios, formaron su propio gremio. La popularidad de estos baños públicos desencadenó otras actividades. De hecho, la palabra en inglés stew, cuya una de sus acepciones significa burdel, proviene del francés etuves, o baño público. En el siglo XV estos términos eran considerados sinónimos en varias ciudades de la Europa medieval.

El baño era también una parte importante en los rituales de los caballeros medievales. Para su nombramiento, el candidato debía bañarse antes de pasar la noche en oración, con la finalidad de que estuviera corporal y espiritualmente purificado antes de convertirse en caballero.

La actitud de la iglesia hacia el baño no era positiva, lo condenaba ya que lo veía como un lujo innecesario y pecaminoso. Estudiosos también señalan que esa actitud proviene en parte de los primeros cristianos, donde los ascetas y eremitas evitaban el baño como un modo de autoflagelación. Es probable que de documentos religiosos que condenaban al baño es de donde proviene la actual concepción de que la gente de la edad media no se bañaba.

Parece ser, sin embargo, que la sana costumbre del baño se vino abajo de la mano de las grandes epidemias medievales, cuando comienza a pensarse que el agua es la culpable de los contagios entre los cuerpos, porque a través de los poros de la piel se podía acceder a todos los órganos. Empieza entonces la época del baño “en seco”, restringiéndose el uso del agua a manos y cara. Esta situación se mantendría hasta casi el siglo XIX.

Necesidades fisiológicas
 
La orina humana en la edad media tuvo muchos usos. Esta era recogida en vasijas (dispuestas en las calles y en los rellanos de las escaleras) y se utilizaba en las lavanderías (por su alto contenido en amoniaco). La blancura de las lanas y los linos de senadores, emperadores, reyes, nobles y caballeros procedía de los orines de los pobres, los siervos y los campesinos.

Por muy desagradable que parezca, en la edad media la orina también era empleada para la higiene bucal: los europeos de esa época se lavaban la boca con sus propios orines. Los iberos, por ejemplo, almacenaban su orina en recipientes, la dejaban reposar un tiempo y luego tomaban pequeñas cantidades para su uso como dentífrico. Los romanos adoptaron esta costumbre, aunque como eran un poco más finos, mezclaban la orina con piedra pómez y colorantes para hacer más llevadero el enjuague.

Parece que esta costumbre celtíbera caló hondo en la España de los siglos posteriores. En el siglo XVI el licenciado Francisco Martínez aconseja en su obra Coloquio sobre la Materia de la Boca y Maravillosa Obra de la Dentadura, lavarse la boca con agua fresca por la mañana para templar el color de las encías y luego usar los orines. Cuenta cómo una señora que tenía muy afectada la boca por una piorrea, acudió a varios doctores sin encontrar mejoría a su dolencia. Ante semejante fracaso, un labrador le aconsejó que “tomase a las mañanas los orines”, obteniendo un óptimo resultado, a lo que parece. Pero en esa época la práctica no terminaba de convencer más allá de los Pirineos, como refleja este pasaje de Erasmo de Rotterdam:

Es preciso ser muy cuidadoso de tener los dientes limpios, pues blanquearlos con polvos es propio de jovencitos. Frotarlos con sal y alúmina es muy perjudicial y servirse de la orina para este propósito es cosa de españoles“.

La Roma antigua, o Córdoba y Sevilla en tiempos de los romanos y de los árabes estaban más limpias que Paris o Londres en el medioevo, en cuyas casas no había desagües ni baños. ¿Qué hacían entonces las personas? Habitualmente, frente a una necesidad imperiosa el individuo se apartaba discretamente a una esquina. El escritor alemán Goethe contaba que una vez que estuvo alojado en un hostal en Garda, Italia, al preguntar dónde podía hacer sus necesidades, le indicaron tranquilamente que en el patio. La gente utilizaba los callejones traseros de las casas o cualquier cauce cercano. Nombres de los como el del francés Merderon revelan su antiguo uso. Los baños vertían sus desechos en fosas o pozos negros, con frecuencia situados junto a los de agua potable, lo que aumentaba el riesgo de enfermedades.

Fuentes (entre otras):

http://www.florilegium.org

http://www.portalplanetasedna.com.ar

No Te Salves

•19 junio, 2008 • 1 comentario

Aquí (en mi opinión) uno de los mejores poemas del poeta uruguayo Mario Benedetti, incluido en su libro El Amor, las Mujeres y la Vida.

Los poemas que se incluyen en este libro tienen la doble cualidad de ser inmensamente populares (incluso algunos han sido musicalizados), y al mismo tiempo de no caer en la literatura barata y choteada, por más que sean repetidos una y otra vez.

Se dice que el título de esa obra es una forma de rechazo a la propuesta del libro de Arthur Schopenhauer: El amor, las Mujeres y la Muerte, que contiene ideas misóginas propias de su tiempo. Baste leer el comienzo de su ensayo:

Sólo el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia ni a los grandes trabajos materiales. Paga su deuda a la vida, no con la acción, sino con el sufrimiento, los dolores del parto, los inquietos cuidados de la infancia; tiene que obedecer al hombre, ser una compañera pacienzuda que le serene.

Pero bueno, volviendo al poema de Benedetti, aunque es evidente que su motivo es el amor romántico entre dos personas, yo creo que puede ser aplicado a todas aquellas personas que rodean la vida de un ser humano, a aquellas personas que queremos que se queden en nuestra vida de alguna u otra forma, es decir, a aquellas personas que no reservan de su vida sólo un rincón tranquilo.

No te salves
 
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
       no te salves
 
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios 
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
 
pero si
        pese a todo
 
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
                         entonces
 
no te quedes conmigo.

José Tomás

•6 junio, 2008 • 2 comentarios

 

Dicen que volvió a torear solo para dejarse matar. Definitivamente José Tomás es el torero más controversial de los últimos tiempos.

Nacido en las afueras de Madrid en agosto de 1975 y forjado en México (donde tomó la alternativa), José Tomás es el icono del toreo actual. Con una amalgama del toreo más bien clásico con una valentía de los más osados y heterodoxos del toreo, parece ser el fruto natural de la evolución del toreo.

Siendo el toreo una tradición antiquísima con una de las evoluciones más lentas que hay (porque hay tradiciones que no evolucionan, sino que simplemente se repiten año con año o de fecha en fecha), resulta la figura de este torero español un parteaguas que va en contra de muchos de los cánones no escritos, pero siempre seguidos, del toreo.

En primer lugar, se dice que es ateo. Es casi imposible despegar a la religión católica del toreo, tan difícil como separar a la imagen religiosa del capote de paseillo con el que se parte plaza al compás de Cielo Andaluz. Pues así, José Tomás es un ateo confeso, o si no es ateo, por lo menos no es católico. Observación importante sería la de ver qué imagen tienen sus capotes de paseillo, tal vez tengan alguna imagen religiosa por seguir con la usanza tradicional del toreo.

En segundo lugar, y de manera más controversial se dice que es homosexual. Pocos medios son tan conservadores como el del toreo. Que yo recuerde, no había existido en la historia un torero que haya confesado abiertamente su homosexualidad. Desconozco si José Tomás la ha confesado. Sin embargo, al mismo tiempo recuerdo a muy pocos toreros tan valientes a la hora de torear como lo es José Tomás.

Tras un retiro de 5 años, reapareció en 2007 para consagrarse como la máxima figura del toreo mundial. Para los aficionados taurinos resulta un tanto complicado imaginar a un torero ateo y homosexual, pero aún más saber que ese toreo se arrima al toro como nadie lo hace actualmente, de ahí otra leyenda, la que dice que volvió a torear solo para dejarse matar.

Finalmente, llega la noticia desde Madrid de que ha cortado 4 orejas y salido por la puerta grande. Se ha consagrado. Ojala regrese muy pronto a México, donde se hizo torero.

Personalmente, lo he visto pocas veces en la plaza, una de ellas fue en la corrida de aniversario de la Plaza México, donde fui testigo de la verónica más bella de la que tenga memoria, otra fue en el serial taurino de la plaza Monumental de Aguascalientes, donde cortó 2 orejas.

Aquí tres fotos, la del inicio es una emblemática fotografía que circula en internet en una corrida en la Feria de La Malagueta donde triunfó después de sufrir dos cogidas, y las dos del final fueron tomadas por mi en  su aparición en Aguascalientes en 2008.

 

 

Chapultepec

•31 mayo, 2008 • Dejar un comentario

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Chapultepec es uno de los más grandes íconos de la Ciudad de México. El mismo ya había sido habitado desde antes de la conquista española. Los entendidos en el tema señalan que desde hace más de 3,000 años existe actividad humana alrededor del cerro de Chapultepec.

Tal vez el monumento más representativo de Chapultepec es el Alcázar que se encuentra en su cima. Múltiples pasajes de la vida de México han pasado por ahí, pero tal vez las dos etapas más importantes de esta edificación, desde el punto de vista histórico, fueron aquellas que tuvieron que ver con la injerencia de dos gobiernos extranjeros: el de los Estados Unidos de América y el de Francia.

Al visitar el Alcázar resulta casi imposible no imaginar a los cadetes del H. Colegio Militar en aquellos terribles días de septiembre de 1847 repeliendo (como podían) al poderoso ejército estadounidense, y qué decir de la época de la intervención francesa, con Maximiliano y Carlota entrando en elegante calesa a su residencia imperial. Tal vez resulte más fácil imaginar esta época, ya que fue precisamente en esa época (1864) cuando el Alcázar adquirió su fisonomía actual.

Aunque a final de cuentas las dos intervenciones fueron una ilegal injerencia en nuestro país, definitivamente el proyecto francés fue de mucho más clase y romanticismo que la rapaz intervención norteamericana. No falta el que tenga fantasías sobre lo que sería ahora de México si el proyecto hubiera cristalizado y ahora fuera gobernado por una “monarquía europea”. Nadie nunca sabremos qué hubiera pasado, y especular resulta ocioso. Como decía un gran maestro mío… “a la historia no hay que juzgarla, hay que estudiarla y entenderla” así evitaremos cometer los mismo errores en el futuro. Desgraciadamente en nuestro país eso no sucede, la historia ni se estudia ni se entiende, y como resultado natural… se cometen los mismos errores.

En fin, toda esta reflexión para mostrarles unas fotos que tomé en una reciente visita al Alcázar. Por cierto, no pueden perderse, cuando vayan, el interesantísimo Museo Nacional de Historia (www.mnh.inah.gob.mx).

Nikon D80, 120mm 1/100s. F 16 ISO 640

 

Nikon D80, 18mm 1/320s. F 6.3 ISO 640

 

Nikon D80, 120mm 1/100s. F 16 ISO 640

 

Nikon D80, 250mm 1/200s. F 13 ISO 640