La Madre

 

El hecho de que mi primer entrada sea en una fecha próxima al día de las madres está cargado de simbolismos. Se ha definido en mi país que el 10 de mayo sea el día en que se celebra a las madres, desconozco los motivos, pero ese día es de caos nacional. Las mamás más suertudas son llevadas a algún atiborrado restaurante en donde el servicio es pésimo debido a la cantidad de gente amotinada, las que no lo son tanto tienen que hacer su “molito” (que conlleva horas sino es que días para su preparación) para que vayan sus hijos a festejar “su día”.

 

Pero bueno, volvamos a los simbolismos, el primero es que hoy es 9 de mayo, justo un día antes del día de la madre, el segundo es que esta es mi primer entrada en forma, ¿qué relación tiene? bueno, pues todos sabemos que una madre aparece (al menos en el mejor sentido de este término) cuando se da a luz a un nuevo ser. La esencia de la maternidad (y de la paternidad también) es el inicio de algo y le es inherente la responsabilidad de cuidar, educar y desarrollar eso que se inició. Curiosamente, y reflexionando un poco sobre esa sabiduría popular, me doy cuenta ahora que a aquella persona que no lleva a cabo esa responsabilidad de cuidado, educación y desarrollo de aquello que inició, se le califica (en sentido figurado) como desprovisto de eso mismo o, en el mejor de los casos que es muy escaso (se dice que no tiene, o que tiene muy poca madre). Curioso, ¿no?

 

Pero bueno, basta de digresiones y análisis baratos a la psique del mexicano. Pues bien, para terminar quiero compartir con ustedes un poema que conozco desde que tengo uso de razón.

 

El poema se llama “El Consejo Maternal” de Olegario Víctor Andrade, y tiene como 20 años que no lo leía. Bueno pues aquí para ustedes este poema que hace que se ensanche el alma.

 

Hasta la próxima.

 

EL CONSEJO MATERNAL
(Olegario Víctor Andrade)

Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día.
(Aún parece que escucho en el ambiente
de su voz la dulce melodía)
– Ven y dime qué causas tan extrañas
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas
como gota cuajada de rocío.
Tú tienes una pena y me la ocultas;
¿no sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla?
¿Quieres que te adivine lo que sientes?
ven acá pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.
Yo prorrumpí a llorar. Nada le dije.
– La causa de mis lagrimas ignoro,
¡pero de vez en cuando se me oprime
el corazón y lloro!……….
Ella inclinó la frente pensativa,
se turbó su pupila,
y enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:
– Llama siempre a tu madre cuando sufras,
que vendrá muerta o viva;
si está en el mundo, a compartir tus penas;
y si no, a consolarte desde arriba.
Y lo hago así cuando la suerte ruda,
como hoy, perturba de mi hogar la calma,
invoco el nombre de mi madre amada,
¡y entonces siento que se me ensancha el alma!

 

 

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~ por Hugo Hidalgo en 9 mayo, 2008.

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